Toda mi vida pensé que habría algo más allá de lo que contemplaban mis ojos. Cuando era muy niña decidí que justo por eso, debía ser periodista.
Pero, no contenta con ello, había algo dentro de mí que me pedía que volase. Algunos cambios en mi vida durante la adolescencia, y experiencias solidarias más tarde, me hicieron enfrentarme duramente a la vida.
Siempre supe que iría lejos. No sabía a dónde, pero lo que sí acertaba a creer era que mis pies me llevarían a algún lugar lejano en el que el destino sabía que acabaría aportando mi fuerza y mi voluntad.
PROACIS se presentó ante mi hace unos años, mientras cuidaba de algunos chicos en el centro de acogida de menores que frecuento desde hace cuatro años en verano allá en España.
Argentina nunca fue un destino que cupiese en mi mente. De hecho, nunca pensé que este lugar necesitara la ayuda que hoy creo que necesita. Pero, de nuevo la vida me jugó una mala pasada. Mi primer destino fue truncado, y Barrio Nuevo apareció por primera vez en uno de los correos que mi acompañante en la formación, Lola Vegas, me mandaba.
Mi llegada al barrio fue francamente, dura. Salía el sol en Argentina, pero no salía en mi habitación. No podía creer que este lugar existiera.
“Dios se ha olvidado de que en esta parte del mundo hay vida” fue lo primero que pensé. En el momento en el que observé como un chico caminaba por el barro en sandalias, me dije a mí misma que aquí debía permanecer, que efectivamente, el destino no se había equivocado conmigo.
Cuando tan sólo cumplo una semana en este país, tengo que decir que ya me siento como en casa. Barrio Nuevo ha dado a mi vida un cambio radical.
De momento, sobrevivo a esta guerrilla que se ha instalado en mi mente. Yo, como siempre he sido peleona, insisto en que resistiré los tres meses.
Ada Salas Macias
Voluntaria de PROACIS
Comentarios recientes